martes, 29 de enero de 2013

Antítesis

Veo que se me viene el tiempo encima
que ya no me queda tiempo en casa
que pronto me iré lejos

Que los amigos ya no son amigos
y entre ellos los que quedan también se van;
que los extraños te prestan más consejo y oído.

Que los profesores aprenden de sus alumnos
 y los alumnos, si es que no se apagan por completo
cada vez tienen más luz.

Que la cama no se reduce al sueño,
y el amor está casi por entero prostituido.
En unión y en familia cada quien es un mundo.

Que nuestro tiempo se agota
y pronto no sabré qué es hogar.
Todo es nuevo y viejo en un instante.

Que no sé si estoy por completo vacía o desbordada.
Que me es imposible ordenar tu desorden,
y yo seré yos hasta el último día.

Que en poco todo cambiará.
El tiempo se me viene encima
y ya no me queda mucho en casa.



sábado, 19 de enero de 2013

Micro cuento de insomnio

En la oscuridad de la noche, mientras todos dormían, sus ojos estaban clavados en la ventana y esa luna imponente la vigilaba tras ella. Se levantó de la cama y con un hipnotismo perturbante se vistió y preparó cada detalle con la tranquilidad y paciencia de quién está convencido de sus actos. Caminó por las solitarias calles hasta dar con su paradero. Con la mirada perdida y el cuerpo casi rígido, era una caricatura escalofriante. Su pelo negro ondulaba al viento, sus ojos claros resplandecían con la luz nocturnal.
Llegó a esa casa sin saber cómo, en un estado de práctica inconsciencia. Trepó la reja, le resultó fácil, a penas perceptible, no sabemos si por su atlético estado físico o por su extraño estado mental. Abrió las chapas y con el sigilo de una rata se escabulló hasta la habitación. Entre el desorden de su cuarto y la tenue luz exterior se podía reconocer el bulto en la cama desecha. Su figura trastornada observó por un rato el quieto estadío de quién se encontraba sobre las sábanas. Lo miró con desdé; luego con una psicótica manía hasta que sus ojos se abrieron pausadamente, encontrándose con la risa más maléfica que haya visto nunca. Un rostro completamente maniático le veía y posaba su dedo índice en su boca en señal de silencio. Viéndola, con la sorpresa de tenerla en frente, instintivamente echó su cuerpo hacia atrás emitiendo a penas un quejido. Acto seguido, las manos tormentosas empuñaban un cuchillo que introdujo directamente en el pecho de su asustada víctima, luego en sus costillas, perforando sus pulmones. Y la sombría figura siempre con la siniestra sonrisa en el rosto.
Su pobre víctima sobre la cama ensangrentada, el color carmesí de su sangre se tornaba negro ante la oscuridad. Mientras a un costado de la cama le seguían observando, ahora a su cuerpo sin vida. Al cabo de unos minutos el espectáculo terminó y la figura asesina se retiró con la paz que buscaba. Con su muerte habían terminado todos sus tormentos. Volvió a su casa y a su cama, con las manos manchadas de sangre, y al fin acabó su insomnio.

martes, 15 de enero de 2013

No es cosa de casualidad, sino de causalidad.

(es por eso que aún puedo recordarlo... El sentimiento.)